La Inteligencia Artificial es increíblemente poderosa para realizar cálculos complejos, analizar datos masivos y sintetizar información con velocidad y precisión asombrosas.
Pero por muy avanzada que sea, la IA no tiene corazón, ni razón ética viva, ni espíritu. No siente compasión, no comprende el valor de un abrazo, ni el significado de una promesa. Por eso, nunca podrá reemplazar al ser humano… aunque sí puede acompañarlo.
Situación: Un niño le pregunta a su maestro: “¿Por qué el cielo es azul?”